
CARTAS BAJO LA CAMA
Hola, mi nombre es Jorge y lo que quiero que leáis no es del todo normal, lo sé; se trata de una serie de hojas sueltas que encontré bajo la cama. Estaban desordenadas, así que como pude busqué el sentido y las ordené. Solo que sepáis que soy un chico, recién mudado, como cualquier otro, y que encontró algo sin explicación o, si la tiene, quizás sea mejor no saberla. No me hago para nada responsable de lo que cito a partir de las comillas, pues juro no ser el autor. Tan sólo lo publico por si realmente sirve de ayuda a alguien, o por lo escalofriante del asunto:
“He decidido comenzar a escribir sobre esto. Mientras lo hago, siento como alguien me
observa, sé que no estoy sólo en la habitación. Estoy escondido bajo la cama y gracias al edredón que cubre los bordes, nadie ni nada podrá verme. Acabo de parar de escribir pues sentía que aquello estaba parado junto a la cama y podía oírme, pero ya se ha marchado. Me visita a diario aunque ya he encontrado la forma de rehuirlo. No se lo que es ni cómo es, aunque dada su respiración casi asmática tampoco quiero saberlo. Posiblemente todos los que estéis leyendo esto, si llega a ser el caso, andéis un poco perdidos; no os preocupéis, intentaré explicarlo casi todo.
Nací en el mismo sitio donde vivo, bueno….No soy de esos que van de una casa a otra, incomprendido por unos padres y rebelde sin amigos fijos. No, mi casa formaba parte de una serie de casas contiguas, adosadas, en una bonita urbe. Respecto a mis padres…bueno este es el tema principal; mis padres estaban separados, vivía con mi madre, pues mi padre sufría de esquizofrenia o algo así, vamos que estaba loco que a fin de cuentas es lo que importa; por cierto tampoco tenía perro.
Dada que es una historia casi inexplicable trataré de ser conciso.
No era la primera vez que mi padre aparecía por mi casa. Ya antes nos había visitado, muy unido a su porra. Las dos veces había sido de noche pues aunque enfermo mental, no era tonto; la primera le partió la mandíbula a mi madre y la segunda ya estaba ésta preparada así que cuando lo oyó le abrió la puerta del patio y lo encerró fuera. Luego llamó a la policía. Antes de que lo metieran en el coche, reducido a corrientazos y echando babas por la boca.
Os preguntaréis por qué estaba suelto, no lo estaba, pero la modesta prisión de mi ciudad no era barrera para él.
Lo curioso de todo fue la razón por la que mi madre decidió tiempo atrás separarse; habiendo aguantado todo tipo de vejaciones, lo que colmó el vaso para ella, para mí ya bosaba mucho atrás, fue lo que ocurrió con el perro del vecino.
Una mañana me desperté sobresaltado, abajo en el patio estaba oyendo fuertes gritos, sin parar. Me asomé por la ventana pero no conseguía ver nada desde ahí, así que bajé; la puerta del salón estaba abierta, la que daba al patio; vi a lo lejos a mi madre en la carretera levantando las manos y chillando como si la estuvieran matando, por instinto busqué a mi padre; salí afuera y no me podía creer lo que estaba viendo, mi padre tenía entre las manos al perro del vecino, un White Terrier blanco de un año. Estaba todo el césped lleno de sangre, me quedé paralizado al ver como golpeaba al perro una y otra vez contra el suelo, lo había destrozado con el cuchillo y aun seguía acuchillándolo, me metí en casa cuando vi que le ponía el pie sobre la cabeza en el bordillo de la acera.
Entonces apenas tenía yo cinco años pero supongo que entenderéis porqué me acuerdo de tal forma. A partir de ese momento comenzó el internamiento de mi padre en el psiquiátrico y el martirio de todos. Mi madre perdió casi seis kilos y tardó una semana en salir a la calle. Luego de esto como ya os he contado mi padre acometió dos veces más, aun le quedaba por volver, ésta sería la última.
Un momento…ya; de nuevo ha estado aquí y no he podido escribir, he oído otra vez esa respiración y cómo revolvía un cajón; siento frío, mucho frío. Tengo miedo pero sé que aquí no podrá hacerme nada ¿Nunca habéis sentido la sensación de que alguien entra en la habitación pero cuando os giráis no hay nadie?
Bien, sigo con lo que os quería contar, antes de que vuelva. Había pasado más de un año y la cosa estaba medianamente olvidada. Aquella noche mi madre y yo estábamos en el salón viendo un poco la televisión, yo me acosté pronto pues estaba muy cansado y al día siguiente tenía que levantar temprano.
Me dormí muy rápido, de hecho ni oí a mi madre subir la escalera para acostarse. En torno a las cuatro de la mañana me levanté para ir al baño, antes de llegar a la puerta en el pasillo de la escalera escuché unos pasos, pero dentro de la casa, subiendo; pensé que podría ser mi madre pero algo me decía que no, corrí al cuarto de baño y desde allí me quedé observando. Me iba a asfixiar por no hacer ruido respirando; de pronto, a través de la puerta vi aparecer un hombre en el pasillo, era mi padre.
Me puse una toalla en la boca para que no me oyera aunque su objetivo no era yo, iba al dormitorio de mi madre. Cuando se giró pude ver que llevaba una escopeta; delicadamente puso su mano sobre el pomo y se deslizó en la habitación, luego cerró la puerta.
Curiosamente fue la imagen más impactante que jamás he visto; me quedé de piedra, sin poder quitar la mirada de esa puerta cerrada.
Sólo reaccioné cuando escuché a mi madre pegar un grito espantoso, cogí un vaso del baño y lo lancé contra la puerta del dormitorio; luego corrí lo más que pude hacía mi habitación.
Escuché como aquellas bastas pisadas de botas camperas subían hacia donde yo estaba, aterrorizado corrí a meterme debajo de la cama, echando a un lado montones de papeles en blanco que tenía, me pegué al fondo. Mi padre comenzó a pegarle patadas a todo lo que había en mi cuarto, destrozando todo, de pronto, se paró junto a la cama; tenía las botas manchadas de sangre, el silencio era agobiante y yo estaba allí debajo, en pijama, temblando de un modo incesante.
Vi como mi padre comenzaba a agacharse, no me lo podía creer, me iba a ver y no podría escapar de ninguna forma; vi que de su rostro brotaba una sonrisa mientras metía el cañón de la escopeta bajo la cama, me disparó en la cabeza.
Morí en el acto. Dicen que una muerte rápida es mejor para ahorrar sufrimiento, puede que sea verdad.
Quince años después, esta es mi historia, pero como toda carta, tiene un propósito; quiero saber qué fue de mi madre, si conseguí evitar que la matara o siquiera si sigue viva, es mi único deseo.
Además, desde…un momento, parece que ha vuelto a entrar, no puedo escribir más, me va a encontrar, creo que se llama Jorge; espero que me ayude.”

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
Sin palabras. Creo que no me ha quedado ningún pelo en su sitio. Qué angustia…
Este es el mejor!! me encanta y siempre me encantará!! mucho mejor que luna nueva donde va a parar!!. Te quiero.
joe julian… noveas me he quedao…. alucinaaa jajajaj este esta super bien la verdad… ma entrao susto y to valla… e leio el principio y ya no podia parar jajajja sinceramente me ha encantaoo mi enhorabuena de verdad jjajaja chaoo y suertee